De
la mano de César Palacios
La tarde pasaba entre detalles a falta de algo de más consistencia. Ese segundo toro que se metió debajo del caballo o el puro de Morante llamaban la atención de los aficionados. Luego salió el sexto, un pedazo de toro que se llevó una ovación de salida y con su importancia le dio mucho valor a todo lo que Eduardo Gallo hizo con él.
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